domingo, 20 de enero de 2013

Lo imposible (The impossible, 2012)

Recomendada para: Los que amen berrear en el cine, los que anden buscando lecciones de vida o historias intensas.
No recomendada para: Si las emociones fuertes, las películas más tristes que la tristeza o los desastres naturales te incomodan o perturban.
Tras la consabida recolección de información acerca de la cinta -póster, ficha técnica y así- tuve una experiencia bastante singular que me hizo decidir verla de inmediato. Salía felizmente de haber visto Life of Pi y, en la obligada visita al baño, me topé con una mujer que lloraba a moco tendido y le decía a su acompañante: "está cañón esto de entrar al cine y salir como si estuvieras en un velorio". En cartelera no había otra opción que pudiera causar dicha reacción. Y el morbo, como quizá ya sepan, fue demasiado poderoso.

Quizá será por su cercanía con la realidad -al tratarse de un guión basado en una historia verdadera- o su especial manejo de la bondad contrastada con el profundo egoísmo, ambos esencialmente humanos. Quizá sea por lo impactante de sus escenas o por la empatía que se logra con cada uno de los personajes. Quizá sea sólo porque, en el fondo de nuestro ser, nos provoca un miedo terrible. O quizá sea todo esto junto. Lo cierto es que Lo Imposible ha llegado a mi lista de cintas con advertencia previa: si eres de esos que sufre con las historias de desgracia humana, ni te acerques a verla.

Lo Imposible cuenta una historia muy adecuada al título, principalmente porque fue real y, prácticamente, increíble. En 2004, los cinco miembros de la familia Álvarez Belón, de origen español pero radicada en Japón, vacacionaban en Tailandia, cuando el ya histórico tsunami que afectó al Océano Índico reclamó las vidas de incontables personas. La cinta recrea la historia, asesorada siempre de cerca por los personajes reales, con extras que vivieron la tragedia hace más de ocho años y desde los ojos del magnífico director español, Juan Antonio Bayona (mejor conocido por su terrorífica cinta, El Orfanato). No es la típica historia de película de desastre, romántica e idealista hasta el paroxismo; se trata de una película que habla a la humanidad dentro de cada uno de nosotros, apelando a los sentimientos de unión familiar, en toda la extensión que la palabra familia pueda tener.

Naomi Watts se lleva las palmas. La mancuerna con Tom Holland, quien interpreta a su hijo Lucas, es el más adecuado vehículo para comunicarnos las muchísimas emociones, positivas y negativas, altas y bajas, que la historia trae consigo. Ewan McGregor y los pequeños Samuel Joslin y Oaklee Pendergast interpretan al resto de la familia y también lo hacen excelentemente. También quiero mencionar la aparición -pequeñita, pero simbólica- de Geraldine Chaplin, que me hizo sonreír un momento.

Las cuestiones técnicas de la película, o sea, cómo diablos le hicieron para recrear el tsunami, están muy bien resueltas, el producto final es escalofriantemente realista. El diseño de producción -o sea, los aspectos visuales de la cinta en general- estuvo a cargo del mexicano ganador del Óscar, Eugenio Caballero, quien se aventó una chamba bastante grande, puesto que hubo de recrear cosas que se perdieron durante la tragedia de 2004 y que debían formar parte de la peli para otorgarle mayor realismo. Aunque en esta temporada de premios no haya habido otra nominación al Óscar para el señor Caballero, hay que reconocerle el buen trabajo.

En conclusión, si están dispuestos a soportar el gruesísimo viaje emocional por el que esta película seguro los va a llevar, no se la pierdan; más que salir con un mal sabor de boca -como la tipa del baño, que lloraba y lloraba- creo que se encontrarán con una poderosa historia que les hará evaluar las acciones positivas y negativas de las que como seres humanos somos capaces. Al final, recuerdo haber escuchado a la monita del baño diciéndole a su amiga que, con todo y el llanto, la cinta le había parecido buena.

Ana Sthal @anasthal

ADVERTENCIA: Los siguientes párrafos contienen información esencial acerca de la trama de la película.

Me latió:

1. La demasiado realista recreación del tsunami. Nada de agua azul profundo o la ola mega gigante que volteó al Poseidón (que también me gusta, pero por otras razones). Lo que en esta cinta se aventaron fue realmente perturbador, te hace darte cuenta de lo insignificantes que somos ante el poder real de la naturaleza, que tampoco se presenta como una belleza de proporciones Godzíllicas, sino como el gatillo para que el pánico se apodere completamente de todos los minúsculos seres que se encuentran a su merced.

2. El rescate de Daniel, el niñito alemán, y la escena en la que le acaricia la cabeza a Naomi Watts. Snif snif. Luego cuando Lucas lo ve en los brazos de su papá. Snif snif snif.

3. El contraste tan grande que hacen entre la generosidad y el egoísmo: los tailandeses, de casa de palitos y que también se vieron afectados por el desastre, ayudan a Maria sin dudarlo. Los ricachones del hotel, que se salvaron y cuyas posesiones más preciadas -casas, coches, etc.- están a salvo en sus hogares, lejos de Tailandia, se ponen reinas a la hora de prestarle el celular a Henry, aunque lo vean todo sangrado y con dos niños chiquitos buscando al resto de la familia. Con ambos detalles se me botó el llanto en serio.

4. Al mero final de los créditos aparece la foto de la familia Álvarez Belón, festejando. Por cursi que suene, los finales felices sí existen, aunque quizá no son finales y no son exactamente como Hollywood los maquilla.


No me latió:

1. No es nada en contra de la película, pero eso de comer palomitas mientras ves a Naomi Watts con la piel de la pierna colgando no es para nada agradable.

2. Los dos minutos de Geraldine Chaplin me distrajeron un poco, sobre todo porque no vuelve a salir en el resto de la peli. A mí me hubiera gustado verla más.

3. ¿Y qué pasó con la familia del italiano? Cabe aclarar que el habernos dicho qué fue de ellos habría sido caer en sangronadas hollywoodenses, entonces entiendo el porqué de no haberlo hecho. Con todo y todo, ya estoy mal acostumbrada y me habría gustado saber qué fue de ellos.



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