viernes, 24 de febrero de 2012

Una Vida Mejor (A Better Life, 2011)

Recomendada para: Los que disfrutan de un buen melodrama, de esos de “me corto las venas con pan blanco”, o las historias de conflictos interraciales.
No recomendada para: Si eso de sufrir durante las películas no es lo tuyo o si te choca el tema de los  migrantes.
Corríjanme si me equivoco: la nominación de Demian Bichir al Oscar como mejor actor causó euforia, aunque sólo fue por un par de días; y es que nunca habíamos tenido a un compatriota compitiendo por tan importante galardón. Aunque... no sé si a ustedes les pasa, pero yo pienso en Demian Bichir y en automático, mi memoria salta a Sexo, Pudor y Lágrimas. ¿Neta? ¿Nominación al Óscar? ¿Pues qué hizo? La película Una Vida Mejor (A Better Life) -muchas gracias, distribuidoras- se estrenó en nuestro país, nadie la peló, duró un ratito en cartelera y luego adiós. Claro que, con la noticia, rápidamente volvió a las pantallas. Y vaya que vale la pena.

Bichir interpreta a Carlos Galindo, un jardinero mexicano en California que vive en las tristes condiciones de los mojados que van en busca del american way of life  y que, en vez de eso, encuentran Los Ángeles con todo y sus contrastes: la sociedad americana de Beverly Hills contra las pandillas latinas de cholos. En este riesgoso ambiente se desenvuelve Luis (José Julián), el hijo y único compañero de Carlos. Luis se debate siempre entre su educación y las influencias que recibe de sus amigos en la escuela. La historia comienza a tomar forma cuando Carlos decide, con mucho esfuerzo y un préstamo de su hermana Anita (Dolores Heredia), comprar la troca de su “socio” Blasco (Joaquín Cosío) con todo y las herramientas de jardinería. Decidido a darle a Luis una vida mejor, Carlos busca hacer crecer su nuevo negocio con toda la confianza y buen ánimo, sin imaginar que la fortuna le dará la espalda. Carlos y Luis tendrán que recorrer la ciudad intentando cambiar su suerte fortaleciendo, en el camino, el fuerte lazo entre padre e hijo.

¿Novedoso? Para nada. En 1948 la ganadora al Oscar a mejor película extranjera, Ladrón de Bicicletas (Ladri di biciclette de Vittorio de Sica; altamente recomendable) contó exactamente la misma historia, incluso casi con las mismas secuencias. Y también sabemos que el tema de los migrantes tampoco es algo muy nuevo que digamos. Lo que hace que Una Vida Mejor valga la pena es, justamente, la mezcla de ambos; llevando esto de la moda del “refrito” a otro nivel: no se trata de un remake sino de una historia que es válida para más de un país o una época, una manera de mostrar la pobreza humana. Se trata de un drama con un elevado nivel de sensibilidad, de acercamiento al dolor humano ante durísimas realidades.

Es justamente por esa sensibilidad por la que otorgaron la nominación al señor Bichir: su trabajo resulta sorprendentemente realista. Supo muy bien cómo ponerse en los zapatos del migrante y, sin necesidad de alterar mucho su estilo o su imagen -nada de maquillaje extraordinario-, se las arregla perfecto para que le creamos que es un jardinero ilegal y nos conmovamos con su historia. José Julián tampoco lo hace nada mal; presenta el otro conflicto, el del chico “bueno” que tiene que sobrevivir en el ambiente de “malos”. Además, el pequeño papel de la tía Anita (Dolores Heredia), que muestra otra de las caras de la migración, le pone a la historia el punto femenino, haciéndola más que universal. En realidad los personajes adicionales no tienen tanto peso, pero las actuaciones también son bastante realistas y lograron pintar muy bien el ambiente.

Otra cosa que me parece digna de mención es la dirección a cargo de Chris Weitz. Como ya les comenté, creo que lo más importante en la película es la sensibilidad con que se acerca al tema. Me sorprendió mucho enterarme de que Chris Weitz es, casi casi, un don nadie como director (aunque como productor tiene bastante experiencia) y que sus películas casi siempre son gringadas como Estrenando Cuerpo (Down to earth), chick-flicks como Un Gran Chico (About a Boy) o basura como La Brújula Dorada (The golden compass). Ah y también dirigió Luna Nueva (New Moon) y no es por nada, pero a mí esto de la saga de Crepúsculo me parece abominable. Por lo tanto resulta bastante interesante ver esta película después de sus trabajos previos: no tiene absolutamente nada que ver y la neta, que bueno.

Así que ya saben, aprovechen que las circunstancias nos dieron un segunda oportunidad y no dejen de ir a verla, no es por ser palera o patrioterista, pero siempre es un orgullo ver que el talento nacional se reconoce. Además creo que es muy bueno que el cine norteamericano ya empiece a tratar con seriedad temas como este, que tanto afecta a millones de personas.

Ana Sthal @anasthal

ADVERTENCIA: Los siguientes párrafos contienen información esencial acerca de la trama de la película.

Me latió:

1. El contraste de la historia cuando Carlos conoce a Santiago y éste le comparte de su pan -super conmovedor- y luego la bajísima -y hasta patética- traición de Santiago cuando se roba la camioneta.

2. Lo que hace que esta peli sea diferente del Ladrón de bicicletas es la manera en que resuelven el conflicto y, en consecuencia, el final. En esta, la escena en que la policía va a detener a Carlos y Luis con la camioneta recién recuperada le da en la torre a la justicia poética. No sólo no se quedaron con la camioneta sino que, además, Carlos se va al bote y luego deportado. Tristísimo, pero muy realista.

3. La escena donde Luis y Carlos hablan en el rodeo: ahí se puede ver perfecto el conflicto de los niños latinos en Estados Unidos, la pérdida total de su identidad. Y ese es todo un tema, tratadísimo por autores mexicanos de la talla de Octavio Paz.

No me latió:

1. En general la película recibió poca propaganda. No tiene nada que ver con la realización de la cinta en sí; lo que me molesta es que a este tipo de producciones no se les haga ningún caso en nuestro país.

2. De repente hay personajes de más. Estoy de acuerdo con que sirven para ampliar el contexto, pero hay un momento en el que parece que los cholos son muy importantes y, al final, lo importante es la influencia que recibe Luis, no los cholos en sí.

3. Por muy bien que me caiga Joaquín Cosío, ya cansó un poco el verlo en papeles de norteño; desde su interpretación del Cochipuerco en El infierno consumó al personaje. Seamos francos; el tipo es horrendo, tiene una cara de transa que no puede con ella, pero creo que como actor es un poco más versátil que sólo su pinta, ¿no?




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